Aquí,
sentado, veo mis manos.
Arrugadas de tocar la vida, de tocar el tiempo.
Mis manos que otrora te acariciaron
ahora solo quedan para esto.
Cuanto extraño tu piel,
que era suave y tersa como la mía.
Ni levantar la mirada puedo;
el tiempo me ha vencido.
Y quedarán de mi, solo los recuerdos
que también se irán a donde hace rato te fuiste.
José Villasmil